14 de abril

abril 14, 2012



De la Constitución de 1931:

Artículo 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

Artículo 2. Todos los españoles son iguales ante la ley.


Y luego ya había otras minucias como el artículo 25 («No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.»), la consideración de las instituciones religiosas como asociaciones que deben pagar al fisco como todo el mundo y sin trato especial, que los políticos con cargo son igual de responsables que cualquiera en caso de delito, y cosas lógicas y civilizadas por el estilo. Hay incluso un artículo de especial interés en estos tiempos que corren:

Artículo 34. Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura.


En España tuvimos una democracia de 1931 a 1936. Luego ya sabemos que se jodió el invento y llegó un gobierno no electo, sino por la fuerza de las armas. Y después, ese gobierno ilegítimo instauró un sucesor: una monarquía con nosequé excusas de democracia y otra constitución (que en cualquier caso se pasan por el forro si conviene).


Personalmente, me considero residente en un país ocupado; una monarquía bananera donde me pisan los derechos día sí y día también. Un país feudal. Así que viva la República; seremos un país civilizado cuando vuelva otra vez, y no antes.


G


Ampollas

noviembre 17, 2008


«Hoy día, una de las religiones más poderosas del Mundo Occidental es el ecologismo. El ecologismo parece ser la religión que eligen los ateos urbanos. […] Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza, hay una caída de la gracia en un estado de contaminación como resultado de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y como consecuencia de nuestros actos hay por llegar un día del juicio para todos. Todos somos pecadores energéticos, condenados a morir, salvo que busquemos la salvación, que ahora se llama sostenibilidad. La sostenibilidad es la salvación en la iglesia del ecologismo. Igual que la comida orgánica es su comunión, esa hostia libre de pesticidas que ingiere la gente buena con las creencias correctas.»


Hoy no voy a redactar nada yo; el texto completo de esa conferencia de Michael Crichton ya tiene bastante tela que cortar. Me basta decir que estoy de acuerdo (y se trata de un acuerdo informado; yo también leo esas fuentes que no está de moda leer, y he tenido que tratar con los nuevos fundamentalistas religiosos) punto por punto.


Gracias a Santi por el enlace.


G


Joder. (Hay que decirlo más.)

julio 7, 2008


Leo en el blog de Richard Morgan que ha sido liado malamente para escribir algunas entradas en el blog de Amazon, y que po’ fueno, po’ fale.


(El primer resultado está aquí, y se lo recomiendo a cualquiera que entienda esa lengua bárbara. Habla sobre las mismas tonterías que podría escribir yo —¡hasta del calor que hace en Madrid!—, y de paso me ahorro escribir una entrada sustanciosa, que voy mal de tiempo.) :mrgreen:


Pero lo que me llamó grandemente la atención fue que el primer comentario que le escribe alguien es para a) quejarse de que no escribe de lo que el comentarista quiere leer (ah, cuánto me solidarizo con Morgan en estos momentos), y b) reprocharle que use «the ‘f’ word». Con un par.


Y no es que Morgan ni siquiera estuviese hablando de sexo (que ya sabemos cómo se alteran los yanquis con eso). Era un recurso de énfasis normalito, un «why the fuck…» de los de toda la vida. Pero no; «según mi profe de inglés, los que usan eso es que tienen un vocabulario limitado». Y se lo dice al autor de Leyes de mercado, Black Man y la serie de Kovacs.


Está claro que en todas partes cuecen habas, y que la costumbre de soltar gilipolleces sustituyendo el sentido común por el atrevimiento ignorante no es privativa de nuestro fándom patrio.


Qué grima. No somos originales ni para eso. 🙄


G


Lo bu, si bre…

junio 1, 2008

«El nacionalismo es la ideología del tonto; simplifica mucho el mundo.»

Dubravka Ugresic, escritora croata.

No se puede decir mejor con menos palabras.


G


Buen apelativo

enero 13, 2008

«Puestos en plan formal y echándole postín a la cosa, podría apuntar esa gilipollez tan de moda de que voy a regalarles un microrrelato; que es como algunos cantamañanas relacionados con la tecla llaman ahora en los suplementos culturales a los cuentos, chistes, anécdotas y chorradillas cortas de toda la vida.»

Arturo Pérez-Reverte, en el 1054 de El Semanal.

¿Microrrelatos? No, hombre, no. Cantamañanas.


(En otro orden de cosas: sigo con el ordenata en el taller, pero me acuerdo de vosotros.)


G


En estas fechas entrañables…

diciembre 20, 2007

Posiblemente estaré sin conexión hasta después de Navidad, así que para amenizar la espera hasta entonces os dejo este

 

Villancico fandomita


En el portal de Belén

se ha metido un gafapasta;

ha intentado abrir la boca,

lo han echado por ser plasta.

 Anden anden anden,
rubias y morenas,
a ojos de los friquis todas estan buenas.

Fulanito va de Autor;

su grupillo se ha montado.

La fellatio es un remedio

para el ego delicado.

 Anden anden anden… 

En un foro de Internete

la gestión es un calvario,

pero irá de puta madre

si se van los usuarios.

 Anden anden anden… 

Ha salido un nuevo libro

de una editorial manazas;

su editor está contento,

sólo hay cinco mil erratas.

 Anden anden anden… 

Cuando pase casi un año

nos iremos de hispacones;

el que no vaya esta vez

que me toque los c…

 Anden anden anden…  

(Muy religioso, muy religioso, no es… Pero muy sacrílego, muy sacrílego, tampoco. Creo.)


Plañideras

diciembre 15, 2007

El otro día me enteré por Víctor de lo que ha venido a convertirse en la noticia del momento (el alzheimer de Pratchett [http://www.paulkidby.com/news/index.html, entrada del 11 de diciembre del 2007]), noticia que ha circulado cual reguero de pólvora por blogs, foros y listas de correo del mundillo. Y si bien las reacciones en general han sido razonables, desde los simples y sentíos «Joder…» hasta los textos más o menos elaborados lamentando el asunto, también me he tropezado con una colección de soplagaiteces que ha acabado por ponerme la mosca subida.

 

De todas formas, no creo que la capacidad de decir tonterías sea exclusiva de los aficionados hispanoparlantes, teniendo en cuenta que en el enlace que indico arriba me encuentro con una actualización del día 12 en la que el propio Pratchett, tras hacer un par de comentarios sobre algunos de los mensajes que está recibiendo, suelta un flamante «¿Puedo recordarle al personal que todavía no me he muerto?». Lo que hace la flema británica; yo no habría sido tan suave.

 

Y es que, ante noticias como esta, nunca faltan los que llaman al enterrador con entusiasmo, independientemente de cualesquiera otras circunstancias (que en este caso pasan por un diagnóstico precoz, posibilidades de tratamiento y la certeza de bastantes años por delante con la capacidad de seguir escribiendo libros), ni los que montan el drama con mucho rasgar de vestiduras, llanto y crujir de dientes. A Fulanito le han diagnosticado la enfermedad X; mira cuantísimo sufro yo y qué mal lo estoy pasando (el hecho de que el afectado se lo tome con filosofía y pida calma es irrelevante; sabrá él, hombre…). Por supuesto, tales declaraciones y muestras de dolor han de ser públicas; cuanto más, mejor. Aquí lo realmente importante es que el mundo sepa cómo va a cambiar la vida de la plañidera de turno, alma sensible-que-te-rilas, al enterarse de que alguien a quien ha leído alguna que otra vez se ha puesto malo (de los que no habían leído jamás a Pratchett pero se lamentan de la pérdida a grandes voces y proclaman votos de comenzar con las novelas en cuanto tengan oportunidad, prefiero no hablar o me pondré berserker).

 

Conozco a gente que padece alguna enfermedad jodida y crónica, y a otros cuantos que han pasado por el trago de que un médico les haya dicho «si este tratamiento no funciona, no hagas planes para más allá de un par de meses» (yo mismo he estado en el segundo caso). Aunque siempre hay alguna excepción (hay gente pa to), la norma general es una especie de omertà: es algo que no se anda divulgando. Sono cosa nostra. Se entera quien se tiene que enterar, y para de contar. Pero que nadie se crea que es por vergüenza, o por orgullo, o por simple sociopatía. En la mayor parte de los casos es para evitar ponerse en situación de tener que cruzarle la cara a algún imbécil que te venga diciendo lo mal que lo está pasando él, date cuenta, al enterarse de lo que te pasa a ti.

 

Cuando se trata de una figura pública es un poco más complicado. Las cosas trascienden, o hay que anunciarlas aunque no apetezca. Y me pregunto si tanto cuesta mostrar un poco de respeto en estas circunstancias, y no lanzarse con entusiasmo a ser el muerto en el entierro.

 

Recuerdo de infancia: en el pueblo de mi padre, allá en la Mancha profunda, se organizaban unos velatorios de órdago. Solía ir todo el pueblo, pues todos se conocían, y había provisiones para hacer más llevadero el paso de las horas. Y recuerdo a la media docena de plañideras profesionales (que solían ser, viva el multitasking, las fuerzas vivas del cotillerío del lugar), que convenientemente enlutadas acudían en grupo, se atrincheraban junto a la mesa de las viandas y se turnaban para ir animando la noche a los presentes, no se nos fuera a olvidar que estaban ahí.

 

—Aaay… Pobrecito, ¡con lo bueno que era! —Pellizco a la hogaza. Corte al chorizo. Tiento al porrón—. Que se van los bueeenos y nos quedamos los malooos… Aaay…

 

En efecto: ay. Hay que joderse.

 

G