Riman, luego cabalgamos (o algo así)

marzo 21, 2011


Me entero por casualidad de que hoy parece ser el día mundial de la poesía. Bueno, no por casualidad; me entero porque la mitad de los contactos del facebook se me han puesto ñoños y liricotrascendentes, y me están llenando aquello de cursiladas como si no hubiera un mañana. (De hecho, si siguen así, voy a acabar deseando que no lo haya.)


A modo de compensación justa y razonable, y para aquellos espíritus sensatos que saben de la existencia del verso festivo, jocoso, epigramático y burlón, va un clásico. De nada.

«Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso.

Esta Inés, amantes, es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.
Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma;
pero ya juzgarse ha mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.
En gusto, medida y peso
no le hallo distinción:
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su beldad,
el jamón, que es de Aracena,
el queso y la berenjena,
su andaluz antigüedad.
Y está tan en fiel el peso
que, juzgado sin pasión,
todo es uno: Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

Por lo menos, este trato
destos mis nuevos amores
hará que Inés sus favores
me los venda más barato.
Pues tendrá por contrapeso
si no la encuentro en razón,
una loncha de jamón
y berenjenas con queso.»

Baltasar del Alcázar (1530-1606)


Va a ser posible un epicureísmo en condiciones, hombre…


G


Duda existencial

marzo 19, 2011


Me he puesto a ver True Blood, que la tenía pendiente. Y, bueno, la serie no está mal, pero…


Viendo el escenario general, y ya desde los mismos créditos iniciales, lo que de verdad no entiendo es por qué nadie ha tomado la necesaria decisión de bombardear Luisiana con napalm (y ya que están a ello, también el sur de Misisipi y Florida entera) y luego cubrirlo todo de asfalto. Un ecosistema caracterizado por la conjunción de:


1) vegetación sin utilidad maderera, alimenticia ni combustible, y normalmente punzante, maloliente y/o tóxica,

2) animales viscosos, venenosos, repelentes, prehistóricos o todo a la vez,

3) paletos sureños reforzados por la selección natural debido a la costumbre de pasear descalzos por un sitio donde se dan 1) y 2), y

4) vampiros moñas, desde los de Anne Rice a unos cuantos de la propia True Blood, pasando por los emos horteras que salen en la serie de Anita Blake,


francamente, no tiene razón de ser (ni derecho a existir) sobre la superficie terrestre.


Dejando aparte lo antedicho, la serie es bastante potable, aunque me entra pánico al pensar en lo que podría haber salido de haber estado esa historia en manos de cualquiera que no fuese la HBO. Estando las cosas como están, al menos hay una trama bien contada y bien ambientada, y salen tetas.


Y vampiros dignos.


G


P.S.: Alguien puede alegar que la saga del Crepúsculo no tiene lugar en esa zona del mapa, y tendrá razón y me parece muy bien. Pero yo estoy hablando de vampiros, no de hadas del bosque.


Los clásicos siempre son actuales

enero 12, 2011


En serio: ¿soy el único que encuentra un paralelismo inquietante, así en general, entre situaciones? Leed y me diréis…


«Entramos, primero domingo después de Cuaresma, en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro. La habla hética, la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.


»A poder de éste, pues, vine, y en su poder estuve con don Diego, y la noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática corta, que aun por no gastar tiempo no duró más. Díjonos lo que habíamos de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora de comer. Fuimos allá; comían los amos primero y servíamos los criados.


»El refectorio era un aposento como medio celemín. Sentábanse a una mesa hasta cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y dijo:


»—¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo. ¿Qué tiene esto de refectorio de Jerónimos para que se críen aquí?


»Yo, con esto, me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas, con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón. Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna, sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una de ellas peligrara Narciso más que en la fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo huérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo:


»—Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.


»Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamiéndoselos, con que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echóse su escudilla a pechos, diciendo:


»—Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.


»—¡Mal ingenio te acabe! —decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a vueltas de la carne (apenas), y dijo el maestro en viéndole:


»—¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me huelgo de verlos comer.


»Y tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo:


»—Conforta realmente, y son cordiales.


»Que era grande adulador de las legumbres. Repartió a cada uno tan poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía:


»—Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.


»¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el plato dos pellejos y unos huesos, y dijo el pupilero:


»—Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.


»—¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado —decía yo—, que tal amenaza has hecho a mis tripas!


»Echó la bendición, y dijo:


»—Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.


»Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho y díjome que aprendiese modestia y tres o cuatro sentencias viejas y fuese.


»Sentámonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis tripas pedían justicia, como más sano y más fuerte que los otros, arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres medrugos los dos y el un pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido entró Cabra, diciendo:


»—Coman como hermanos, pues Dios les da con qué. No riñan, que para todos hay.


»Volvióse al sol y dejónos solos. Certifico a V. Md. que vi al uno de ellos, que se llamaba Jurre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la boca. Pedí yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no lo hacían, y diéronme un vaso con agua, y no le hube bien llegado a la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunión, me le quitó el mozo espiritado que dije. Levantéme con grande dolor de mi alma, viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacían la razón. Diome gana de descomer, aunque no había comido, digo, de proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome:


»—Como no lo son en esta casa, no las hay. Para una vez que os proveeréis mientras aquí estuviéredes, dondequiera podréis; que aquí estoy dos meses ha y no he hecho tal cosa sino el día que entré, como ahora vos, de lo que cené en mi casa la noche antes.


»¿Cómo encareceré yo mi tristeza y pena? Fue tanta, que considerando lo poco que había de entrar en mi cuerpo, no osé, aunque tenía gana, echar nada de él. Entretuvímonos hasta la noche. Decíame don Diego que qué haría él para persuadir a las tripas que habían comido, porque no lo querían creer. Andaban vahídos en aquella casa como en otras ahítos.


»Llegó la hora de cenar; pasóse la merienda en blanco, y la cena ya que no se pasó en blanco, se pasó en moreno: pasas y almendras y candil y dos bendiciones, porque se dijese que cenábamos con bendición. “Es cosa saludable (decía) cenar poco, para tener el estómago desocupado”, y citaba una retahíla de médicos infernales. Decía alabanzas de la dieta y que se ahorraba un hombre de sueños pesados, sabiendo que en su casa no se podía soñar otra cosa sino que comían. Cenaron y cenamos todos y no cenó ninguno.


»Fuímonos a acostar y en toda la noche pudimos yo ni don Diego dormir, él trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase de allí y yo aconsejándole que lo hiciese; aunque últimamente le dije:


»—Señor, ¿sabéis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que en la pendencia de las berceras nos mataron, y que somos ánimas que estamos en el Purgatorio. Y así, es por demás decir que nos saque vuestro padre, si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado.


»Entre estas pláticas y un poco que dormimos, se llegó la hora de levantar. Dieron las seis y llamó Cabra a lición; fuimos y oímosla todos. Mandáronme leer el primer nominativo a los otros, y era de manera mi hambre que me desayuné con la mitad de las razones, comiéndomelas. Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el mozo de Cabra, diciendo que una Cuaresma topó muchos hombres, unos metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo en el portal de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que venía a sólo aquello de fuera; y preguntando a uno un día que qué sería (porque Cabra se enojó de que se lo preguntase) respondió que los unos tenían sarna y los otros sabañones y que en metiéndolos en aquella casa morían de hambre, de manera que no comían desde allí adelante. Certificóme que era verdad, y yo, que conocí la casa, lo creo. Dígolo porque no parezca encarecimiento lo que dije. Y volviendo a la lición, diola y decorámosla. Y prosiguió siempre en aquel modo de vivir que he contado. Sólo añadió a la comida tocino en la olla, por no sé qué que le dijeron un día de hidalguía allá fuera. Y así, tenía una caja de hierro, toda agujerada como salvadera, abríala y metía un pedazo de tocino en ella que la llenase y tornábala a cerrar y metíala colgando de un cordel en la olla, para que la diese algún zumo por los agujeros y quedase para otro día el tocino. Parecióle después que en esto se gastaba mucho, y dio en sólo asomar el tocino a la olla. Dábase la olla por entendida del tocino y nosotros comíamos algunas sospechas de pernil. Pasábamoslo con estas cosas como se puede imaginar.»


Extracto de Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos
de Francisco de Quevedo


Retrato del dómine Cabra.


G


A Midsummer Night’s Dream

junio 23, 2009



PUCK.—
On the ground

Sleep sound:

I’ll apply

To your eye,

Gentle lover, remedy.

When thou wakest,

Thou takest

True delight

In the sight

Of thy former lady’s eye:

And the country proverb known,

That every man should take his own,

In your waking shall be shown:

Jack shall have Jill;

Nought shall go ill;

The man shall have his mare again, and all shall be well.

Texto: William Shakespeare
Dibujo: ilustración para A Midsummer Night’s Dream, de Arthur Rackham


G


Cenizas en Marte

enero 24, 2009

«Anything you say will be taken down, ripped up and shoved down your scrawny little throat.»

DCI Gene Hunt



Vaya por delante: adoro a los guionistas de la BBC.


No dejamos de afirmar últimamente que, hoy día, las historias interesantes están en las series de televisión y no en el cine. Pero incluso ahí hay clases. Ligas completamente diferentes, podríamos decir. Comentaba el año pasado por estas fechas que lo mejor de lo mejor que vi en el 2007 fue Life on Mars. Entra en lo posible (aunque queda mucho año por delante y mucha serie por ver; no me pillaré los dedos aún) que pueda repetir en el 2009 la afirmación con la secuela, Ashes to Ashes… De hecho, aunque me veo obligado a admitir que es un poco más floja que la serie madre, ese “un poquito más floja” es, teniendo en cuenta con qué la comparamos, algo que queda escandalosamente por encima del nivel medio general.

DI Alex Drake

Y mira que abordé Ashes to Ashes con mucha desconfianza. A priori tenía todas las papeletas para resultar un fiasco: todas las sorpresas se agotaron (presuntamente) en la serie original, y el sabor de boca que había dejado esta podría llevar a comparaciones odiosas e inevitables. Toda la información apuntaba a que, además, se repetiría esquema (y así es), de modo que también nos despedimos del factor originalidad. Entonces, ¿qué quedaba? ¿Qué se podía hacer para sacar algo interesante pese a todo?


Pues, de entrada, algo aparentemente tan sencillo como no tomar al espectador por gilipollas. Guionistas menos hábiles se habrían limitado a conformarse con la complicidad creada en un porcentaje de los seguidores de la primera, conseguir con ello un mínimo de audiencia y decir «ya hemos cumplido». Lo vemos bastante a menudo. Así que es muy de agradecer el esfuerzo dedicado para convertir los problemas más evidentes en puntos a favor. Sin spoilers (todo lo que digo a continuación es sólo el comienzo del primer episodio): ¿Que al espectador ya le suena todo? A la protagonista, también. ¿Que el espectador tiene toda la info de la primera serie? La DI Alex Drake (Keeley Hawes, que está que enamora a cualquiera que se haya pasado los 80 de adulto, aunque no he encontrado fotos que le hagan justicia; gana mucho en la imagen en movimiento), psicóloga de la policía, se sabe de memoria el expediente de Sam Tyler. Y, evidentemente, al igual que el espectador tiene sus propias ideas y teorías sobre lo que se vio en Life on Mars, la DI Drake ha sacado sus conclusiones sobre lo que contaba Tyler, lo que crea situaciones de lo más interesantes cuando se descubre en la misma situación e intenta cuadrar lo que está viviendo con sus análisis previos.


Y aderezando el arco argumental que se desarrolla en torno a Drake: Gene Hunt. En Londres. En los ochenta.


Gene the Genie y sus muchachos. Dan ganas de irse con ellos

a reconquistar el Imperio.


Las subtramas del día a día, los casos, los personajes, la reconstrucción de aquella época, la relación entre los “habitantes” del momento y el personaje recién llegado… Están a la altura y no desmerecen absolutamente en nada a la primera serie. De hecho hay quien dice, y no me atrevo a negarlo, que Ashes to Ashes es mejor que la serie precedente. No lo negaré porque sospecho que parte de la apreciación dependerá de a qué edad le pillaron a cada espectador los setenta y los ochenta, y la visión y los recuerdos que uno tenga de cada década.


Sea como sea: otra serie para atesorar y revisar. Dentro de un tiempo me pienso volver a ver las dos seguidas de un tirón. Y sospecho que no será la única vez…


Y Philip Glenister es Dios, por supuesto.


G


Regalito de Reyes

enero 6, 2009


Va una de pop culture: Una vez acabado el rodaje de El furor del dragón (Fist of Fury), Bruce Lee empezó a preparar la que iba a ser la película definitiva de artes marciales, pero cuando sólo llevaban rodadas las escenas de lucha finales se metió por medio una oferta interesante (lo que acabó siendo Operación Dragón [Enter the Dragon]), y el otro proyecto quedó aparcado una temporada. Ninguna queja, en principio; lo malo es que Murphy, en lo que podríamos calificar como la puñeta más elaborada que he visto en mi vida, se metió por medio con los efectos que ya conocemos: Bruce Lee se murió, Operación Dragón se estrenó póstumamente, y el metraje preparado para Juego con la Muerte (Game of Death) fue cortado, remezclado, mutilado y enmorcillado con sobras de otras películas y planos filmados con dobles penosillos. Del trasunto de guión que se perpetró para hilvanar todo eso mejor no hablamos. El resultado fue esa película que, durante años y años, los aficionados fuimos a ver sólo por los 15 minutos del final y que, llegado el video y posteriormente el dvd, metíamos en el reproductor para saltar directamente a la parte aprovechable.


Pero Juego con la Muerte iba a tratarse de una obra completamente distinta, que las penosas circunstancias mezcladas con la chapuza de la productora (en su momento se barajó la idea de presentar sólo lo originalmente rodado acompañado de una parte documental, y se desestimó) nos han escamoteado durante décadas. Hoy, en SPQR, con más ánimo de instruir deleitando que nunca, vamos a arreglarlo. Con ustedes vosotros: el metraje original e íntegro (más de media hora, ya veis si cortaron, que encima casi la mitad se quedó por el camino) rodado por Bruce Lee.


Parte 1:




Parte 2:




Parte 3:




Parte 4:




Que lo disfrutéis.


G


Agincourt

octubre 25, 2008




KING HENRY.—
[…] If we are mark’d to die, we are enow

To do our country loss; and if to live,

The fewer men, the greater share of honour.

God’s will! I pray thee, wish not one man more.

By Jove, I am not covetous for gold,

Nor care I who doth feed upon my cost;

It yearns me not if men my garments wear;

Such outward things dwell not in my desires:

But if it be a sin to covet honour,

I am the most offending soul alive.

No, faith, my coz, wish not a man from England:

God’s peace! I would not lose so great an honour

As one man more, methinks, would share from me,

For the best hope I have. O! do not wish one more:

Rather proclaim it, Westmoreland, through my host,

That he which hath no stomach to this fight.

Let him depart; his passport shall be made,

And crowns for convoy put into his purse:

We would not die in that man’s company,

That fears his fellowship to die with us.

This day is call’d the feast of Crispian:

He that outlives this day, and comes safe home,

Will stand a tip-toe when this day is nam’d,

And rouse him at the name of Crispian.

He that shall live this day, and see old age,

Will yearly on the vigil feast his neighbours,

And say, ‘To-morrow is Saint Crispian:’

Then will he strip his sleeve and show his scars,

And say, ‘Those wounds I had on Crispin’s day.’

Old men forget: yet all shall be forgot,

But he’ll remember with advantages

What feats he did that day. Then shall our names,

Familiar in their mouths as household words,

Harry the King, Bedford and Exeter,

Warwick and Talbot, Salisbury and Gloucester,

Be in their flowing cups freshly remembered.

This story shall the good man teach his son;

And Crispin Crispian shall ne’er go by,

From this day to the ending of the world,

But we in it shall be remembered;

We few, we happy few, we band of brothers;

For he to-day that sheds his blood with me

Shall be my brother; be he ne’er so vile,

This day shall gentle his condition:

And gentlemen in England, now a-bed,

Shall think themselves accursed they were not here,

And hold their manhoods cheap whiles any speaks

That fought with us upon Saint Crispin’s day.

The Life of King Henry the Fifth, de William Shakespeare
Cuadro: “The Battle of Agincourt”, de Brian Palmer

G