Ya era hora de que entre tanto remake de cualquier chorrada se acordaran de los auténticos clásicos.
No la estrenan hasta finales de año, y de momento sólo he visto el trailer, pero sólo con eso y el cartel ya se ha hecho un hueco en mi corazoncito y en esta categoría.
(Y Santi Moreno se ha ganado como mínimo unas cuantas birras por el soplo.)
Siempre me han gustado “malas”, incluso desde antes de tener muy claro para qué tenían que gustarme exactamente. Las buenecicasme parecen sosas y me aburro, qué le vamos a hacer. (Sí, ya, más o menos es eso lo que dicen todos, pero más de uno y más de dos mienten como bellacos; si fuera verdad en todos los casos, las acomodaticias se habrían extinguido por selección natural.)
Sea como sea, donde esté una que te mantenga despejado, que se quiten los braintrainings.
Alguna tuvo que ser la primera, claro está. El momento en el que las ideas vagas y las intuiciones difusas se concretan y uno piensa: «Esta, esta. ¡Cuando sea mayor quiero una como esta!». Y P’Gell fue la mía, y me da igual que sea un tebeo (al fin y al cabo, Rudy se hacía ideas con la madrastra de Blancanieves y nadie le ha dicho nada, ¿no? Pues dejadme en paz).
Luego me hice mayor y me encontré una de verdad bastante parecida, pero es otra historia y no pienso contároslo todo.