Estamos muy mal

Abril 16, 2009


El otro día tuve que hacer una gestión de esas obligatorias, periódicas e inevitables que cualquiera que haya tenido que tratar con la administración pública ha aprendido a temer. A la molestia esperable —y que uno, más o menos, ya se mentaliza para soportar— se sumó el hecho de que a alguien se le ocurrió que sería una estupenda idea montar una cola previa para ir distribuyendo a la gente antes de que entrasen en el edificio. Quizá lo fuese y facilitase luego las cosas, no lo sé, pero lo cierto es que nadie tuvo en cuenta que ello implicaría un embudo en la entrada y una larga cola en el exterior, en un día en que hacía un tiempo de mil diablos, frío y lluvia.


Cuando por fin me llegó el turno de entrar, tras media hora a la intemperie, tenía ganas de aplastar cráneos.



(¿Qué tienen que ver los zombis con la anécdota narrada, se preguntará el astuto lector? Enseguida llegaremos a ello.)


Cada época y lugar crea sus arquetipos de terror favoritos, o quizá debería decir pertinentes, y es algo que va más allá de las simples modas. Vivir a dos pasos de las fieras del monte cuando lo único que se tiene para apartar un poco la oscuridad son antorchas y velas crea un clima propicio para imaginar lobisomes y vampiros. Añade un poco de tecnología y desconfianza a novedades que no se acaban de comprender muy bien, y sale un Frankenstein o un hombre invisible. Hay miedos más intemporales e independientes de una sociedad determinada —tómese cualquier variante del concepto fantasma—, y también muy específicos —pensad leyendas urbanas, que a mí me da pereza, o echad mano de los ultracuerpos—. Algunos se modifican con los cambios y tendencias del momento —vuelvo a mencionar a los vampiros, que ya no sabe uno a qué estereotipo atenerse—. Y, por supuesto, todos se reciclan.


Uno de los casos de reciclaje más distanciado del original es el de los zombis. Los que podríamos llamar “los originales”, surgidos del vudú, eran una cosa bastante tranquilita, e incluso inofensiva; a menos que alguien te los achuchase, claro. Lo más incordiante del asunto era el hecho de que el convertido en zombi pasaba a ser marioneta de la voluntad de otra persona. (Bien mirado, si has sido esclavo en una plantación toda la vida debe resultar bastante acojonante la idea de que ni después de muerto te dejen en paz. Volvemos a lo de que cada momento y circunstancia crea su ficción favorita.) Sea como sea, cambiaron los tiempos, apareció George A. Romero y, a partir de ahí, fiesta.


Pero ahí se quedaron. Durante mucho tiempo la moda del susto y tentetieso ha tenido otros protagonistas, desde los clásicos con más o menos reciclaje a los creados ad hoc —jasons, freddies y demás—. ¿Por qué se han puesto los zombis tan en primer plano ahora, y con tanto éxito? Películas a montones, videojuegos de masacrar zombis a capazos. Hay hasta una versión de Gran Hermano en la que se desata un apocalipsis zombi (quien no haya visto la miniserie Dead Set debería echarle un vistazo; se va a reír un rato). Novelas. Manuales de supervivencia con gran éxito de público y crítica.


Y es que les tenemos ganas.


A veces tengo la impresión de que la frase de Robert E. Howard más citada es aquella de que los civilizados son más descorteses que los bárbaros porque los primeros pueden permitirse el lujo de ser groseros sin que los aplasten la cabeza. Y con esto vuelvo a la anécdota del principio: todos los días nos comemos agresiones, arbitrariedades, descortesías, molestias, abusos y lo que se os ocurra. Compañeros de trabajo tocacojones. Jefes estúpidos. Vecinos impertinentes. Clientes irritantes. Ese hijoputa que aparca en doble fila o te adelanta por la derecha. Trolls y spammers. El servicio técnico que tan hartísimos nos tiene. Intolerantes y egoístas en general. Y además, hay demasiada gente. Venga, con cursivas de énfasis, aunque sean incorrectas: hay demasiada gente. Y cada uno de ellos es un agresor en potencia (y muchas veces, de facto), y la educación, el miedo a las consecuencias o la mera imposibilidad física nos impiden responder cómo nos lo pide el cuerpo (o sea, rompiendo cráneos).


Y, claro, llega un momento en que la respuesta biológica (huída o agresión) no da para más, y el estrés se nos come vivos. Sumad el hecho de que, además, la mayoría tiene un trabajo aburrido, o agobios para llegar a fin de mes, o una hipoteca, o no da abasto en general. Y así todos los días.


Pero, ah, un buen apocalipsis zombi… Nada mejor para romper la monotonía (y mucho mejor que una cosa en plan apocalipsis nuclear, que luego hay que andar preocupándose de contaminación radioactiva, mutaciones y todo eso). A la mierda las responsabilidades, los trabajos aburridos y los trámites estúpidos. Los recursos están bien en los almacenes y tiendas saqueables; es cuestión de organizarse. Todo ese montón de gente a la que no podemos aguantar o se la tenemos guardada (y cada cual tiene su lista, no me digáis que no) será probablemente un grupo de buenos candidatos a ser infectados, y de repente será necesario, imprescindible y —ojo al dato— no ilegal coger un mazo de picapedrero y hundírselo en el colodrillo con todas tus fuerzas (cuando la relación sea menos personal, bastará con un tiro desde más lejos). Yo, desde luego, cada vez que salgo de una reunión de la comunidad de vecinos tengo ganas de empezar una limpieza sistemática del edificio desde mi piso —vivo en el último—, planta por planta, hasta llegar al portal de la calle, atrancarlo bien y montarme la logística posterior con un grupo de supervivientes selecto: la peña de amigos con la que estoy bien; y la familia cercana, quizá. Al resto, que los den. (Soñar es gratis, ¿no?)


Existe un raro ente mitológico: el individuo que tiene un trabajo seguro y que le gusta, que está rodeado de gente amable que no le toca los cojones, que tiene techo propio y ningún problema para llegar a fin de mes, y que además come bien, no tiene estreses y folla cuando quiere. A ese extraño y poco habitual ser no suelen gustarle las películas de zombis; no les acaba de ver la gracia. De hecho, suelen resultarle tan entretenidas como mirar por encima del hombro a uno que esté jugando al Space Invaders. No les coge el punto, sencillamente. Pero la gente más normal, en general, está como una olla a presión. Así que bienvenida esta moda en la ficción. Por eso está agarrando tanto. Porque, como no cambie algo pronto, esto va a petar.



Como dice una frase que leí en alguna parte: «lo más duro de un apocalipsis zombi va a ser disimular que nos lo estaremos pasando de puta madre».


Y es que la cosa está muy mal…


G


P.S.: Por si queda alguien que aún no la haya visto y no la reconozca, la segunda foto es de Shaun of the Dead, película de Simon Pegg absolutamente recomendable.


El estado de las cosas

Noviembre 24, 2008



¿Viciaos? ¿Nosotros? Qué va, hombre, qué va…


G


Guest Star: Federik Freak.

P.S.: El copirait de la tira y todo eso es de Rubén Fernández, quede claro.

P.P.S.: Si algún lector del blog juega a las Mafia Wars y no está ya en mi Familia, que me mande un privado sin falta.


:mrgreen:


Vendiendo pieles de oso

Noviembre 5, 2008


Tengo una tele enanísima aquí al lado del ordenata, que sirve de descanso visual y hace compañía en las largas noches currelantes de invierno. En las horas más extremas de la madrugada es bastante habitual que lo único que asome en todos los canales sean teletiendas (también hay porno, pero es malo de cojones —no pun intended— y no me puedo permitir quedarme dormido cuando estoy levantando el país), pero hoy han cambiado un poco la película. Tardé un poco en pillarla, cierto es; al principio pensé que estaban reemitiendo la primera temporada de una conocida serie. Cosas de estar concentrado en otros menesteres, de no estar pendiente de las fechas y de dedicar a la pantalla sólo un vistazo ocasional por el rabillo del ojo. Me sacaron de mi error dos detalles fundamentales: que el senador-candidato-a-presidente estaba más escurrío que el de la serie, y que después de cinco minutos sin hacer zapping, Jack Bauer no se había cargado a ningún terrorista.


Así que observé con más atención.


Cuando leáis esta entrada ya estaréis más que enterados de qué va el asunto, a menos que viváis en una cueva lejos de la civilización, sin Internet y con mala cobertura de móvil. Y ni siquiera en ese caso me atrevo a apostar: con toda la alharaca mediática, sonar de pífanos y retransmisiones de las mejores jugadas del partido, al que no se haya enterado de que ha ganado Obama… le acabo de espoilear a lo grande. Pero que se aguante, que yo me lo tragué en directo y me siento poco caritativo.


No, no voy a analizar nada. Eso se lo dejo a los bloggers con más ánimo tertuliano que el mío o más ganas de sacarle punta al asunto (aunque la salida de César Mallorquí ha tenido gracia). Pero me ha llamado la atención la recurrencia constante a la muletilla día histórico en los medios de aquí. Y qué pesadez.


A ver… No negaré que tiene su interés folklórico el hecho de que gane un negro unas elecciones a presidente de los Estates, pero mal andamos si lo relevante es que sea negro en vez de que sea capaz, eficiente, apropiado para el cargo o como queráis pintarlo. Si lo que hace a partir de ahora justifica que retroactivamente se pueda considerar histórica la fecha de su llegada a la presidencia, que conste donde deba constar (en los libros de historia, preferentemente), pero de momento lo único que ha demostrado es que un negro puede ser tan [insértese lo que se prefiera, relacionado con las cualidades que hacen falta para ganar unas elecciones] como un blanco. Y quizá ni tanto como eso, teniendo en cuenta el nivel de la competencia y los años que el partido de esta llevaba dejando aquello hecho unas zorras. No sé, yo diría que para ese viaje no hacían falta alforjas. Que vale, que a priori parece mejor que haya ganado Obama que no la alternativa. Pero, de momento, eso es todo. Por si alguien no ha caído en el detalle, en el resto del mundo ni votamos ni pintamos en aquello; sólo soportamos las consecuencias, y esas están por descubrir. Así que ver, veremos.


Igual es que soy un pelín cínico. O igual es que uno ya está un poco bregado en esto de presenciar días históricos (a mis años y en este pueblo, ya llevo unos cuantos) y comprobar después que no fue para tanto. O que tiendo a creerme las cosas después de verlas y no antes.


¿O igual es que me vuelvo cascarrabias con la edad…?


Nah; me viene de antiguo. Desde que cuando tenía cuatro años y mi padre me dijo que si no me levantaba de la cama de una puta vez se comía mi desayuno, no me levanté y se lo comió (y era domingo y tocaba chocolate con churros), aprendí a no fiarme ni de mi padre y a no dar nada por sentado. Que me enseñó cosas útiles, el viejo.


G


P.S.: Y encima el puto árbitro sueco nos robó el partido en la championlaig. Mal rayo lo parta. ¿Día histórico? My ass…


Esto no es Star Trek

Agosto 4, 2008


A día de hoy, me temo que seguimos siendo necesarios los traductores humanos. Con los automáticos, el state-of-the-art aún no es de fiar del todo…



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Joder. (Hay que decirlo más.)

Julio 7, 2008


Leo en el blog de Richard Morgan que ha sido liado malamente para escribir algunas entradas en el blog de Amazon, y que po’ fueno, po’ fale.


(El primer resultado está aquí, y se lo recomiendo a cualquiera que entienda esa lengua bárbara. Habla sobre las mismas tonterías que podría escribir yo —¡hasta del calor que hace en Madrid!—, y de paso me ahorro escribir una entrada sustanciosa, que voy mal de tiempo.) :mrgreen:


Pero lo que me llamó grandemente la atención fue que el primer comentario que le escribe alguien es para a) quejarse de que no escribe de lo que el comentarista quiere leer (ah, cuánto me solidarizo con Morgan en estos momentos), y b) reprocharle que use «the ‘f’ word». Con un par.


Y no es que Morgan ni siquiera estuviese hablando de sexo (que ya sabemos cómo se alteran los yanquis con eso). Era un recurso de énfasis normalito, un «why the fuck…» de los de toda la vida. Pero no; «según mi profe de inglés, los que usan eso es que tienen un vocabulario limitado». Y se lo dice al autor de Leyes de mercado, Black Man y la serie de Kovacs.


Está claro que en todas partes cuecen habas, y que la costumbre de soltar gilipolleces sustituyendo el sentido común por el atrevimiento ignorante no es privativa de nuestro fándom patrio.


Qué grima. No somos originales ni para eso. :roll:


G


Siempre me ha caído bien, la Maruja

Mayo 14, 2008


En una entrevista internetera que le hacen a la mujer, el viernes pasado:

Presunto/a estudiante de periodismo: ¿Cuál fue el principal foco del conflicto [en Líbano]?
Maruja Torres: Ya que eres estudiante, estudia Oriente Medio. Esa pregunta no tiene respuesta más que en unos ocho mil libros. Cúrratelo, bonit@

El resto de la entrevista tampoco está nada mal, por varios motivos (el informativo es el principal, sobre todo para quien le interese lo que se nos viene encima).

(Gracias a Gómez por el enlace.)

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Viva la coherencia

Abril 28, 2008


Aulla Fenris

Marzo 4, 2008

Ayer, pasando calor en casa y sacando a pasear a la perra con 20 ºC y calma chicha.


Hoy, 4 ºC, viento del norte de 20 Km/h (no es mucho, pero sopla sostenido) y sensación térmica de 0 ºC. Y para mañana y los próximos días me pronostican bajoceros varios. Así es como se pillan los catarros (y como empiezan las glaciaciones).


En el cartelón publicitario de enfrente de mi casa renuevan anuncio. Leo: “Ya es primavera en el Corte Inglés”.


Encima recochineo.


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P.S. del 5 para los privados relativamente bienintencionados: Que sí, pesaos, que ya sé que hay temporal por todas partes, y que al norte sopla más fuerte, y que en algunos sitios ya está todo blanco, y lo que queráis. A algunos no les ha llamado el Señor por los caminos de la extrapolación, eh…


Toma cultura pa’l pueblo

Febrero 27, 2008


Han echado hoy un reportaje en La 2 sobre unos notas a los que se les ha ocurrido aclimatar dragones de Komodo en las Canarias. Estaba yo pensando en las implicaciones ecológicas del asunto cuando va el narrador y suelta, al referirse a que en las islas ya existe otro lagarto autóctono más canijo: “a pesar de sus diferencias de tamaño, ambos descienden de los dinosaurios”. Y se ha quedado más ancho que largo, el tío.


Mi mandíbula, “descendida” hasta el suelo, oiga…


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Como sigan haciendo el capullo…

Febrero 10, 2008

… os juro que imprimo eso y lo meto en el sobre. Por estas.


(Ya sé que no es voto útil, pero al menos me quedaré a gusto. Y si alguno de la mesa es friqui le alegraré el día.)


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